Trump acusa de espionaje a Obama: cómo una teoría de conspiración llegó a la Casa Blanca

WASHINGTON – Todo comenzó el jueves pasado a las 18:00 en un programa de radio en el que empezaron a imaginarse una  supuesta conspiración: el presidente Barack Obama habría utilizado “medios del gobierno federal” para intervenir telefónicamente al candidato republicano que buscaba sucederlo. Este es “el gran escándalo”, dijo Mark Levin, el locutor, a sus oyentes.

Para el viernes en la mañana, la acusación infundada había sido retomada por Breitbart News, el sitio de noticias que alguna vez dirigió el estratega en jefe del presidente Trump, Stephen Bannon. Menos de 24 horas después, el presidente estadounidense acogió la idea de la conspiración en una serie de tuits en los que acusaba a su predecesor de espiarlo. Y así comenzó el furor más reciente y difícil de creer de las seis semanas que Trump lleva en el poder.

Sus antecesores por lo general medían sus palabras para no alimentar un frenesí mediático, pero el fin de semana Trump volvió a mostrar que él se encarga de alimentar ese frenesí. Sin que lo inhiban los protocolos tradicionales de su cargo, hace las afirmaciones más incendiarias basado en pizcas de sospechas.

Lo hace sin consultar a algunos de sus asistentes de más alto rango ni a las agencias de su propio gobierno que podrían tener información opuesta. Después de prender un incendio público sin pruebas, pide una investigación para encontrar la evidencia que no tiene.

Para sus adversarios, todo este episodio parece una estrategia calculada de Trump para distraer la atención de otra historia que quiere evitar. En este caso, según dijeron algunos de sus críticos el domingo, claramente quería alejar la atención del procurador general Jeff Sessions, quien la semana pasada se descalificó a sí mismo de participar en cualquier investigación federal sobre los vínculos de la campaña de Trump con Rusia tras informes de que se había entrevistado con el embajador ruso durante la carrera presidencial sin divulgarlo.

En lugar de discutir lo que Sessions hizo o no hizo, los programas noticiosos del fin de semana estuvieron dominados por debates sobre lo que Obama hizo o no hizo.

Sin embargo, al cambiar la historia, Trump también le dio más aire a la investigación sobre Rusia mientras sus iniciativas sobre la atención a la salud, los impuestos o el empleo quedaron en un segundo plando. Su primer discurso ante el congreso, que algunos elogiaron por su tono presidencial, tuvo lugar el 28 de febrero pero ahora parece que fue hace siglos.

Algunos republicanos incluso señalaron que, si se aprobó un permiso para escuchar conversaciones telefónicas, eso significa que un juez está convencido de que alguien en el círculo de Trump pudo haber cometido un crimen o actuado como un agente extranjero.

“Me preocupa mucho que nuestro presidente esté sugiriendo que el presidente anterior hizo algo ilegal”, dijo el senador Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur, en un encuentro con votantes el fin de semana. Al mismo tiempo, dijo, “estaría muy preocupado si, de hecho, el gobierno de Obama pudo obtener un permiso legal para vigilar la actividad de campaña de Trump con un gobierno extranjero”.

No es la primera vez que Trump hace acusaciones sorprendentes sin tener evidencia para respaldarlas. Asegura que más de tres millones de personas votaron de manera ilegal para que Hillary Clinton ganara el voto popular. Funcionarios republicanos y demócratas han dicho que no hay indicio alguno de que eso haya sucedido y la investigación que Trump prometió al respecto no ha comprobado nada.

Tampoco es la primera vez que Trump lanza una aseveración escandalosa sobre Obama. Pasó años promoviendo el alegato falso de que el expresidente no nació en Estados Unidos y prometió, también, una investigación para “descubrir la verdad”. El año pasado también aseveró que Obama era “el fundador del Estado Islámico”.

Algunos asesores de Trump, incluido Bannon, han creído desde hace tiempo que el gobierno de Obama estuvo coludido con investigadores federales que buscaban información sobre los presuntos contactos entre funcionarios rusos e integrantes de la campaña del republicano. No han ofrecido alguna evidencia, pero Trump ha coqueteado desde hace mucho tiempo con las teorías de conspiración.

Trump lanzó sus acusaciones durante la madrugada del sábado 4 de marzo desde Mar-A-Lago, su club campestre en Florida. Avanzada la mañana, sus asesores estaban discutiendo cómo lograr que no publicara cosas en Twitter. Después,  el presidente jugó un poco de golf, luego regresó al club. Durante la cena le aseguró a un amigo suyo, el director ejecutivo de Newsmax Media Chris Ruddy, que sus alegatos sobre Obama serían comprobados. Para el domingo, estaba enfurecido: quería que más gente defendiera sus aseveraciones.

Por lo que aumentó su apuesta y pidió una investigación en el congreso.