La situación de los migrantes en la frontera de México podría convertirse en una crisis humanitaria

TIJUANA — Esta ciudad mexicana estaba abrumada, incluso desde antes de que el presidente Donald Trump decidiera construir un muro en la frontera.

El año pasado comenzaron a llegar tantos migrantes haitianos con la esperanza de cruzar hacia Estados Unidos que las iglesias, los salones comunitarios, los programas de clases extracurriculares, los centros de rehabilitación y ciudadanos particulares han abierto sus puertas para darles techo, comida y ropa.

En un albergue, cerca de 250 inmigrantes (hombres, mujeres y niños) comparten dos escusados y una regadera. En una iglesia están apretujados 400 más. Un comedor de beneficencia aloja a cientos en corredores, la bodega y un terreno a la intemperie en la parte posterior.

Ahora, a algunos funcionarios y defensores les preocupa que el plan de Trump pueda dar pie a una crisis migratoria en pueblos y ciudades a lo largo de la frontera y, de hecho, en todo México.

El gobierno mexicano, dicen, podría no ser capaz de manejarla.

Trump está buscando reforzar la frontera, restringir la inmigración y aumentar las deportaciones desde Estados Unidos. Al anunciar sus acciones la semana pasada, dijo que “ayudarán a México al desalentar la inmigración ilegal”.

“Será de verdad muy muy bueno para México”, declaró.

Sin embargo, algunos defensores y funcionarios internacionales prevén una posible pesadilla para el país.

Una creciente cantidad de personas ha estado dirigiéndose hacia el norte desde Centroamérica, escapando de la violencia y la pobreza en su tierra natal. Durante el año fiscal 2016, que terminó en septiembre, aproximadamente 409.000 personas fueron atrapadas mientras trataban de cruzar la frontera suroeste de Estados Unidos, lo que representa un incremento del 23 por ciento en comparación con el año fiscal previo, de acuerdo con estadísticas del gobierno estadounidense. Esta tendencia se ha mantenido durante los meses recientes.